
La arquitectura historicista del siglo XIX deja en este templo de planta de salón un claro ejemplo: su fachada muestra una vuelta a manifestaciones artísticas del pasado. Esta fachada desprovista de decoración y órdenes, con un frontón clasicista, nos lleva al severo neoclásico propuesto por Ramón Monroy en los planos de la obra prevista para 1818 y que Prado y Vallo respeta. La torre, sin embargo, vuelve a la tipología de los campanarios barrocos.
Retablos: retablo mayor y retablo de Nuestra Señora del Rosario.
· Imaginería: Asunción de María, San Antonio de Padua, Virgen del Carmen y San Isidro.
