
Sus características formales y constructivas permiten atribuir este puente a los siglos XVI o XVII. A su entrada, y hasta el siglo pasado, se cobraba el portazgo. Durante la guerra de la Independencia tuvo lugar aquí una batalla contra el ejército francés, librada por vecinos de la comarca dirigidos por varios párrocos y bajo las órdenes del marqués de la Romana. Tiene nueve arcos, todos ellos de sillería. Las bóvedas se apoyan sobre pilas de sillería con tajamares triangulares aguas arriba y trapezoidales aguas abajo. La rasante es casi horizontal en su tramo central y desciende hacia los accesos. La posibilidad de bañarse en el río es un atractivo más de este singular puente.


